Care&Share se ha involucrado en el rescate y rehabilitación de niños de la calle desde 1994. Empezamos dando apoyo a Happy Home, un hogar para niños de la calle. En 1996 inaguramos Sweet Home, nuestra residencia para chicos. En noviembre de 1997 inaguramos Ginny’s Home, un centro para chicas, y en marzo 1999 comenzamos con Toti’s Home, nuestra segunda  residencia para chicas. En mayo de 1999 comenzamos la construcción de Daddy’s Home, una residencia permanente para niños de la calle y niños indigentes.

Decenas de millones de niños viven en las calles de las ciudades de todo el mundo. Se los puede ver tanto en países en vías de desarrollo con en países desarrollados, pero la mayoría vive en naciones pobres de África, Asia y América Latina. Según UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de niños que vive en la calles aumenta de forma constante y se estima que ya esté entorno a los 100-150 millones. La India tiene la mayor concentración.

India es el hogar de millones de niños pobres. Muchos de ellos viven en familias que no pueden hacerse cargo de ellos, y a otros tantos se les obliga a trabajar como mano de obra a una edad en la que deberían estar aprendiendo a leer. Millones viven todavía en la calle a consecuencia de la pérdida de sus seres queridos, rupturas familiares, o porque no pueden seguir soportando por más tiempo los maltratos que reciben por parte de sus padres, familiares o empleadores. En 1994, UNICEF estimó que había unos 11 millones de niños viviendo en la calles de la India, mientras que la estimación de otras instituciones alcanzaba los 18 millones. Algunos niños acaban en la calle  motivados por el deseo de ser completamente libres, aunque la mayoría acaba allí por desesperación. Sea por un motivo u otro, al final no tienen adónde ir.

Muchos acaban en la estación de tren, donde algunos buscan trabajo y otros se convierten en vagabundos, recorriendo el país a través del intrincado sistema ferroviario. Viven en la miseria y están expuestos permanentemente a estados de hambruna y malnutrición, a menudo acompañados por disentería y sarna. En las calles se los suele encontrar empleados en un gran abanico de trabajos: limpiadores de compartimentos de tren; recolectores de plásticos, aluminio, papel y todo aquello que pueda revenderse; distribuidores de periódicos, abrillantadores de zapatos, limpiaplatos, porteadores en hoteles y negocios locales, músicos, malabaristas o simplemente mendigos. El tipo de vida que llevan los expone a graves riesgos derivados de sus relaciones con el tráfico de drogas, el tráfico de órganos, la prostitución, la pornografía y la eslavitud.

Un informe publicado en1989 por UNICEF estimó que el número de niños que vivía en las calles de Vijayawada era de 19.800. La cifra comprendía a los niños que viven en la calle y en las estaciones de tren, a los huérfanos y sin hogar, y aquellos de los alrededores de los suburbios que trabajan en la calle. En noviembre de 2002, la revista The New Sunday Express informaba de que Vijayawada alberga a más de 60.000 niños en la calles. El Foro por los derechos de los niños estima que diariamente llegan a la estación de tren de Vijayawada una media de 33 niños. El prototipo es un un niño entre 11 y 13 años de edad, procedente de otras ciudades y aldeas del estado de Andhra Pradesh, hindú, y perteneciente a castas que el gobierno ha calificado como “atrasadas”.

La mayoría de los niños se ven obligados a abandonar sus casas a causa de la pobreza o de los abusos: maltrato por parte de los padres, por una madre o por un padre adoptivos, un familia dividida, o un padre sin trabajo, alcohólico o drogadicto. Todos estos niños se ven atraídos por el encanto de la ciudad con sus casas grandes, los cines y los teatros, los hoteles y restaurantes..., muy diferente de los campos de cultivo y las chozas de las aldeas. Se vienen a las ciudades con la esperanza de llevar una vida mejor. Una vez allí, encuentran con facilidad trabajos modestos y están contentos con sus primeras ganancias. Se sienten como adultos con un poco de dinero en el bolsillo para comer, comprar un paquete de cigarrillos e ir al cine. Pero esto no dura mucho, enseguida caen presas de intermediarios y bandas callejeras, y acaban atrapados por el crimen y la violencia. Muchos de ellos se lesionan y mutilan a propósito.

Además, los niños de la calle están permanentemente expuestos a las inclemencias del tiempo como el sol, la lluvia y el frío. Las calles están repletas de mugre y basura, y los niños se ven obligados a domir en la calle y en las estaciones de tren con un periódico por cama, y a comer en los puestos de la calle y de los restos de las basuras de los hoteles, lo que los expone a todo tipo de infecciones y enfermedades. Viven entre suciedad, contaminación y otras amenazas medioambientales por lo que su estado de salud es generalmente muy débil y contraen enfermedades crónicas como asma, disentería, sarna, malaria y fiebre tifoidea. Muchos contraen hepatitis, tuberculosis, SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. Según Naciones Unidas, aproximadamente la mitad de los niños de la calles de Vijayawada están infectados o tienen una enfermedad de transmisión sexual, y una tercera parte son seropositivos. Si la situación de los niños es mala, la de las niñas es mucho peor. La mayoría de ellas sufre abusos sexuales y, si nadie las rescata, a menudo mueren en un prostíbulo. Todas cuentan historias sobre haber sido maltratadas, drogadas o vendidas.

Nuestro programa de rescate y rehabilitación atiende las necesidades de todos estos niños. Necesitan un hogar, comida, ropa y asistencia médica. También necesitan educación básica y formación profesional, y la que nosotros les proporcionamos está orientada a que aprendan a leer y a escribir, y a que aprendan ciertas técnicas y habilidades que les permita encontrar un empleo o empezar a trabajar por su cuenta. No obstante, nuestros objetivos van más allá de proporcionarles simplemente asistencia para hacer frente a otro día más de lucha. Nuestra misión consiste en transformar las vidas de estos niños, devolverles la ilusión de soñar y proporcionarles los medios, la confianza y la autoestima necesaria para desarrollar todo su potencial y que florezcan como individuos sanos y autosuficientes. Una vez que sus necesidades básicas están cubiertas, la rehabilitación plena pasa por devolverles su infancia.



¡Ayuda!

Con el paso de los años, Care&Share ha rescatado a cientos de niños de las calles de Vijayawada. Les damos una educación, les enseñamos una profesión, y les ayudamos a buscar un trabajo y a estabilizarse. A día de hoy, nuestros hogares acogen a más de 800 niños y niñas. Obviamente, estos niños tienen más necesidades que aquellos que tienen una familia que los cuida. Dado que nosotros somos totalmente responsables de su bienestar, la tasa de apadrinamiento es € 500 .

 


 

 


 

 



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